¡Como un Rallo entre pinos!

Artículo de Rafa Guillot para InfoTúria, periódico del Camp de Túria

 

Sí. Está correctamente escrito. No con la “y” griega, tal como pudiera parecer. No hablamos de “rayo”, de tormenta, sino de “Rallo”, de Eduardo Rallo. Aunque el parafraseo tampoco es del todo descabellado porque la trayectoria de nuestro personaje homenajeado en la presente crónica, aun teniendo como apellido Rallo, fue eso, un auténtico “rayo” en el deporte de este pueblo de L’Eliana.

 

Y, además, “entre pinos”, claramente diferenciados “entre” y “pinos”, porque fue en la calle Casinos, perteneciente a la conocida Urbanización veraniega de Entrepinos, donde afincó raíces la familia Rallo, previa escala en la no menos mítica Montesol. Sí, su Entrepinos “del alma”, donde aún hoy en día algún vecino gusta realizar nocturnos paseos veraniegos por ese emplazamiento porque la brisa del aire parece conservar todo el candor, toda la esencia, de Eduardo.

 

Pero, en realidad, tenemos que poner el reloj en sentido inverso y remontarnos varias décadas atrás para contar, con el mayor lujo de detalles, esta bella historia que rinde merecido tributo a su protagonista. En concreto, los hechos que aquí se narran acaecieron en la mencionada Urbanización de Entrepinos durante los primeros años de la década de los Setenta y, aunque ya no pueda su autor revivirlos en este mundo, sí que puede hacerlo una colonia muy nutrida de deportistas elianeros cuya edad rondará, hoy en día, entre los cuarenta y los cincuenta, que en aquellos años maravillosos no pasaban de ser unos mozalbetes y no han podido olvidarlos.

 

Gusta la Redacción de este periódico bucear entre los grandes personajes del deporte a lo largo de la prolija historia deportiva de la localidad y, en ella, no puede pasarse por alto, en modo alguno, el que hoy nos acompaña desde la distancia celestial. Con la amplia perspectiva que brinda el paso del tiempo no cabe duda que hubo un antes y un después de Eduardo Rallo Soler. Y ya aparecen juntos sus dos apellidos para distinguirlo inequívocamente porque el nombre de pila de aquella irrepetible persona se ha perpetuado en las dos generaciones posteriores.

 

El patriarca asume, con el mayor de los honores, el protagonismo no solamente propio, sino de toda una ilustrísima saga familiar deportista en el ámbito de L’Eliana. Sus primogénitos gemelos, Eduardo y Paco, fueron dos auténticas figuras en el mundo del tenis, unos portentos, llegando, incluso, a estar federados en la Federación Española de Tenis. Era tal el virtuosismo innato que poseían los hermanos que la elección de uno de ellos hubiera sido del todo injusta y muy complicada. Paco tenía una muñeca excepcional, un estilo de juego muy cerebral, muy científico, mientras que Edu simbolizaba, además de una técnica depuradísima, la potencia en su más contundente expresión. Casi a modo de graciosa comparativa con la actualidad, Paco podría asemejarse a Roger Federer y Edu a Novak Djokovic.

 

Hablar de ellos es hacerlo con letras mayúsculas, igual que con su propio tío, hermano de “papá Eduardo”, Elías Rallo Soler, un “zurdo de oro”, el “Rafa Nadal” de aquella época. Éste último fue considerado por todos, con meridiana justicia, el mejor tenista senior amateur de todo el pueblo de L’Eliana en esos años mágicos, que coincidían, por otra parte, con el nacimiento de la Semana Deportiva en este pueblo. Muchas opiniones se han vertido, con el paso del tiempo, en el sentido de que, en su correspondiente Categoría Amateur, Elías ha sido el mejor tenista de todos los tiempos en este pueblo. ¡De fuera venían a L’Eliana sólo para ver a Elías en una pista de tenis! Esos extremos alcanzó su fama. El propio hijo de éste, también llamado como su padre, Elías Rallo, fue gran futbolista, un fabuloso defensa lateral izquierdo, y defendió con orgullo los colores del equipo de la S.D. L’Eliana en la gloriosa etapa de los años Noventa, una de las más esplendorosas del equipo en toda su Historia.

 

¡Casi parece que el deporte del tenis llegó a L’Eliana con la familia Rallo! Aunque no sólo era ese deporte. Su hija Ángeles era un auténtico delfín en la natación y, por último, José Manuel, el entrañable “Tato” del alma, que no podía practicar deporte activamente pero suplía su minusvalía con una ilusión a prueba de bomba. Su rostro inolvidable aparece sobreimpresionado, junto al de su padre, en la foto que ilustra este reportaje, como homenaje, también, al más menudo de la familia. Ambos parecen entablar una conversación eterna, ¡exactamente igual a las que mantenían en la tierra!

 

Además de su propia familia, que lo adoraba, Tato fue tremendamente querido por todo el mundo que lo conoció. Por parte de todos recibió el máximo cariño que se puede dar a alguien a quien se quiere tanto. Por ello, tampoco creemos equivocarnos si afirmamos que Tato también vivió una vida muy feliz, rodeado de tanto amor. ¡Jamás podremos olvidarlo!

 

Incluso la querida esposa de Eduardo hacía pinitos en el propio y noble deporte del tenis. ¡Su amadísima Angelita! Bien saben todos que ella fue su motor, el auténtico tesoro que tenía escondido. ¡Nada, absolutamente nada hubiera sido posible sin ella, sin su fidelidad y sin su apoyo! Toda la aportación al deporte de L’Eliana de la familia Rallo fue un legado definitivo de la maravillosa vida que compartieron.

 

Hablamos de muchos años atrás, pero es que la saga Rallo está totalmente viva en la actualidad. Tanto Eduardito, como David, nietos del primer Eduardo, son futbolistas de élite en la Regional Valenciana. En esta temporada, Eduardo defiende los colores del Alginet C.F., habiendo militado en Categorías Inferiores de escuelas como la de Crack’s y jugado en equipos de Tercera División de la envergadura del Paterna C.F., Requena C.F. u Olimpic de Xàtiva.

 

David tampoco está “manco”. Conjuntos de la talla del propio Paterna C.F., Oliva, Burjassot C.F. o At. Saguntino han tenido el honor de contar con sus servicios. Ambos hermanos son un orgullo para toda la familia.

 

Pero también contamos con grandes deportistas, en la actualidad, por parte de la descendencia de Paco. Su homónimo primogénito, además de impartir docencia en el Colegio de El Pilar, de Valencia, es un brillantísimo entrenador de básquet, muy querido y alabado por todo el mundo. Su segundo retoño es pieza muy apreciada en el mundo del Water Polo.

 

De la descendencia de Ángeles, podemos también apuntar que es bastante futbolera y amante del deporte. Como curiosidad podemos contar que su hijo Quique ha deslumbrado en sus participaciones en la propia Semana Deportiva de L’Eliana.

 

Nuestro protagonista fue casi coetáneo de otro de los monstruos del deporte elianero de aquella soberbia década de los Setenta, don Francisco Descalzo, aunque el campo de acción de éste último se centró únicamente en el fútbol. También tendrá algún día el señor Descalzo, en estas páginas, el reconocimiento que se merece.

 

La labor fundamental de Eduardo comenzó, aproximadamente, en el año 1968 y tuvo una duración aproximada de un lustro. Fue un corto pero intensísimo y triunfal periodo de tiempo. Sin darse cuenta él iba a convertirse en un auténtico adelantado a todos los demás, con una grandeza humana extraordinaria. Un ser de gran cultura, amable, afable, educadísimo, bondadoso, cariñoso… ¡una muy buena persona! Desde el primer momento comprendió que el deporte era una vía importantísima para el acercamiento entre todos los vecinos de la Urbanización, o de L’Eliana en general, y su aportación fue absolutamente colosal.

 

En realidad, él casi fue un visionario, un integrador, un auténtico precursor de la filosofía que inspiró la creación de la famosa Semana Deportiva de L’Eliana, aunque en un ámbito de acción bastante más modesto. Hay que retrotraerse a la atmósfera reinante en aquellos años, en los que el deporte no tenía la enorme repercusión mediática que tiene hoy en día y a la casi tiranía del deporte rey sobre los demás.

 

Eduardo tuvo la clarividencia suficiente para crear lo que sería su obra cumbre, las “Olimpiadas de Entrepinos”, en la que tenían cabida otros deportes, postergados en esos momentos, que él supo, sabia e impecablemente, integrar, para así aumentar el volumen de muchachos practicantes.

 

Se convirtió en habitual la peregrinación de chavales de otras colonias veraniegas a participar en unos eventos tan absolutamente novedosos y rompedores, para aquellos años. Fútbol, Tenis, Natación, Ping-Pong, Balonmano, Petanca… ¡todo tenía cabida en la escrupulosa preparación que diseñó Eduardo! ¡Hasta una curiosísima variedad de Ciclismo que consistía recorrer una distancia en un tiempo, previamente fijados ambos,  cuyo vencedor era el que más se aproximaba a ese tiempo estimado!

 

Desde el primer momento todo lo proyectado por Eduardo, que germinaría después, de alguna manera, en el ámbito global del deporte en L’Eliana, movilizó a las multitudes de veraneantes chavalitos elianeros. El éxito fue tan rotundo que jamás han logrado repetirse unos acontecimientos como aquéllos, de ahí la privilegiada posición de todos los que fueron niños, en aquellos momentos, y que hoy han sido padres de niños pero con la desventaja de no haber conocido a un “Eduardo Rallo” como aquél al que hoy homenajeamos.

 

Se confeccionaron unas tarimas flotantes, a modo de pódiums caseros, por parte de entrañables vecinos, y la entrega de medallas, y resto de trofeos, fue un calco de la que se celebraban en los Juegos Olímpicos “de verdad”. ¡Hasta en eso eran fidedignas nuestras competiciones entrepineras!

 

Toda su actuación fue un canto a la vida, un hito fundamental. Cabe decir que Eduardo supo, y quiso, rodearse de un grupo de grandes amigos que colaboraron de manera muy activa y cercana con él. Su buen amigo Ismael Solaz era Presidente de la Federación Española de Tiro con Arco, además de practicante, junto con su hijo Antonio. Otro de sus hijos, Jorge, también ha sido gran deportista de pro, tanto en su laureado pasado en el Fútbol Sala Valenciano como en su actual cargo de Coordinador Deportivo en el Colegio del Pilar de Valencia, al que, precisamente, estaba muy vinculado Eduardo. Incluso su buen amigo, Rafa Guillot Fornas, de edad muy similar, seguiría, muy poquito después, la estela del fundador en la misma Urbanización y fue en su vida, además de gran admirador de Eduardo, ferviente seguidor de su querida Semana Deportiva de L’Eliana. ¡En algún lugar del Universo estarán ahora ambos muy felices, compartiendo juntos la lectura de esta crónica!

 

Eduardo organizó unas Olimpiadas que poco distaban, salvando las distancias, de las “mundiales”. Hasta se portaba, por parte de todos los chavales, una antorcha olímpica por todas las calles de Entrepinos, para asombro y regocijo de todos los dueños de los chalets, que aplaudían a rabiar al paso de la blanca comitiva, y decimos blanca porque era preceptivo el equipaje con ese color, impoluto y luminoso.

 

Él estaba pendiente de todo, hasta el más mínimo detalle. Nada escapaba a su escrupulosa preparación. Para comentar la siguiente efemérides es necesario retrotraer nuestras mentes a la situación reinante en la sociedad española del año 1973, de signo claramente católico y con pocas concesiones, desde el punto de vista religioso, a otras visiones, tema que no se valora, de ninguna manera, en este artículo.

 

En el caluroso anochecer veraniego del Sábado 25 de Agosto de 1973, y por mediación suya, La Virgen de los Desamparados, la Geperudeta, portada a hombros por los vecinos más corpulentos de Entrepinos, recorrió “a pulso” todas las calles y rincones de la Urbanización, bajo el tutelaje de otro personaje adorable, “el Padre Emilio”, cura muy vinculado a la familia. En la celebración de la oportuna Celebración Religiosa, el cáliz se improvisó con una de las copas que después iba a ser entregada a ganadores de las competiciones.

 

Fue un trayecto triunfal, jaleado entre vítores y aplausos a la Virgen. Toda la jornada se convirtió en imborrable para quienes la vivieron. Hasta el mismo Eduardo, ante el éxito apoteósico del evento, encargó una lámina conmemorativa que se ha perpetuado con el tiempo, entre los “entrepineros”.

 

En definitiva, ésta ha sido la historia de un hombre sencillo, de una de esas personas humildes que logran el objetivo más importante que hay en la vida, hacerla tremendamente feliz a todos los que le rodean. Jamás son olvidadas, por más tiempo que pase. Cuando se van, crecen hasta convertirse en gigantes.

 

¡Casi medio siglo después de los acontecimientos rememorados el nombre de Eduardo Rallo vuelve a brillar con luz más intensa que nunca a lo largo de todos los pueblos que configuran la comarca del Camp del Turia!

 

Dicen que la felicidad, en la vida, se asemeja a una botella de champagne, de la que va bebiéndose lo que contiene sorbo a sorbo. ¡Con Eduardo nos bebimos toda la botella!

 

Los hombres pasan, sus vidas vuelan, el tiempo las marchita, pero no sus obras, que permanecen imperecederas en el recuerdo y en la Historia, porque el honor no tiene fecha de caducidad. Eduardo Rallo Soler fue un ser humano excepcional y grabó una huella muy profunda en el deporte de L’Eliana y en las almas de todos sus contemporáneos. Por eso es un privilegio muy grande para este simple cronista haber podido evocar, no sólo su propia infancia, sino a aquél astro al que tuvo la inmensa fortuna de conocer, admirar y querer.

 

 

 

 

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