4,1 segundos… ¡tu firma por sus besos!

4,1 SEGUNDOS… ¡TU FIRMA POR SUS BESOS!, por Rafa Guillot

 

 

“Un libro quedará abierto, una carta sin escribir…”

Pues no, querido Nino, añorado Nino Bravo, don Luis Manuel Ferri Llopis. Ésta, al menos, una de esas cartas ya no quedará sin escribir. No siempre una persona el privilegio de escribir en relación a uno de los mayores ídolos de su vida, de poder narrar una vivencia personal, como hilo conductor para relatar una experiencia muy humana y maravillosa, vivida por una muy buena hija, en representación también de su hermana Eva,  en la que muestra cómo en cualquiera de los pequeños detalles que nos ofrece la vida, por nimios que aparenten, puede manifestarse, con la mayor de las intensidades, el amor a un padre que ya no está entre nosotros.

 

 

Al final, esto último es lo verdaderamente esencial, lo importante de este escrito. Toda la narración de la historia queda relegado a mero papel secundario, casi anecdótico. Incluso el título de la propia crónica tiene su explicación y se irá desvelando durante el desarrollo de la misma y al final. ¿4,1 segundos? Pues igual el hecho de que fuera esa cifra la marcada por un cronómetro, y no otra, quería invitar a que este texto fuera escrito.

 

En realidad, la vivencia expuesta tuvo lugar ahora hace, exactamente, cinco años. Pero da igual, es como si hubiera ocurrido la semana pasada. El factor temporal tiene aquí un valor muy secundario. Hay que retrotraerse, pues, a la noche del 5 de Abril de 2009, a la salida de la representación de un Musical sobre Nino Bravo que tuvo lugar en el Palacio de Congresos de Valencia. En él se hacía un recorrido, tanto musical como audiovisual, por toda la trayectoria del inolvidable cantante valenciano y sus canciones más representativas eran versioneadas por jóvenes intérpretes reclutados de lugares dispares de nuestra geografía.

 

A partir de aquí comienza la carta que adelantábamos al principio del artículo. Por eso el cronista cambia el modo de dirigirse al lector y el relato pasa a la primera persona.

 

Me permito contar esta historia, porque de estas pequeñas alegrías  que nos regala la vida, muy de cuando en cuando, nos servimos para aliviar la inmensa pena que compartimos todos los que sufrimos la ausencia de alguien a quien queremos y a quien nunca podremos olvidar.

 

Había finalizado, con el éxito atronador que se merece, la representación y, en el Hall del recinto, fuera de la Sala, se habían colocado los jóvenes cantantes, contentando, con sus autógrafos, a un público que salía muy emocionado del recinto.

 

Yo me salté ligeramente el protocolo, porque me fui, directamente, hasta “Manu” Martínez Gil, cuñado de Nino Bravo. Le dije que yo quería su autógrafo, que era lo único que deseaba. Él, con la humildad y grandeza que le caracterizan, me respondió “¿Que te firme yo?” “Sí, tú” le aseveré.

 

Su correspondencia a mi solicitud me dio alas para vencer la timidez propia de todos los que formamos el anónimo y numeroso grupo de seguidores de Nino. (¿qué decirle en tres segundos para captar, por unos instantes, su atención?, pensé)

 

 “Conocí a tu cuñado, cuando yo era muy niño. Soy de su mismo barrio, el de la calle Visitación, de Valencia. Mi padre trabajaba en un Banco al que Nino visitaba cuando consideraba oportuno”.

 

(*) Un muy rápido y curioso inciso, porque este periódico va dirigido, principalmente, a toda la Comarca del Camp del Turia. Se trata del mismo barrio, el de la calle Visitación -en la capital valenciana-, en el que ha vivido siempre la familia del alcalde de L’Eliana, José María Ángel. Su madre, Pepa Batalla es una persona tremendamente respetada y querida en la barriada del mítico cantante valenciano.

 

Otra curiosidad que tiene relación con el elianismo: En este mismo barrio de Nino Bravo, el de la calle de Visitación, tiene ubicada panadería Vicen Martínez Desco, prima del mítico Savalín Desco, el legendario “9” de la “roja”, que fuera la primera “Bota de Oro” del equipo de la S.D. L’Eliana en toda su Historia. Su enorme profesionalidad es directamente proporcional a la amabilidad y dulzura con las que trata a todos sus clientes, de tal manera que es casi “vox pópuli”, entre los vecinos, la auténtica delicia que proporciona visitar su establecimiento tan sólo por entablar unas amigables frases con ella. Por si fuera poco, ha participado activamente en la redacción de este reportaje y ello no puede quedar sin la recompensa que merece su noble aportación.

 

Y el último de los agradecimientos recae en la autora de la Placa Conmemorativa que se colocó en el portal de la finca en la que vivió la familia de Nino Bravo. Ella fue amiga de pandilla juvenil de Nino y ha colaborado muy estrechamente con el autor de este artículo. Su nombre, Lola Hurtado, también vecina de L’Eliana.

 

Retomamos el hilo. Todos los que leéis esta carta me comprenderéis enseguida. Sabéis lo bonito y el significado especial que tiene para nosotros el que cualquier persona del entorno íntimo de cualquiera de los ídolos, que todos tenemos en la vida, nos dedique unos segundos de su atención.Nino Bravo

 

Sin duda, fracasé en mi primer intento. Manu, mientras yo le iba comunicando cuantos atropellados pensamientos me venían a la mente, me miró y respondió, con la inmensa categoría personal que tiene, “Muchas gracias por venir”.

 

Unos metros detrás se encontraba Amparo Ferri, primogénita de Nino Bravo y coprotagonista de esta crónica. Es evidente que todos los seguidores del cantante, y más si son valencianos, la queremos y consideramos  como si, casi, perteneciese a nuestras propias familias.

 

En la misma se encontraban sentados miembros muy representativos del Club de Fans y la Presidenta del Museo Nino Bravo, departiendo muy animadamente con Amparo. Un poco delante, se hallaba Paco Zanón, un buen valenciano, amigo de la familia, que ha realizado una gran labor en pro de la memoria del cantante y que siempre ha dejado patente su amor a Nino.

 

Al fin me animé y requerí a Amparo para que me firmase el CD conmemorativo de la Gala. Serían sobre las nueve de la noche. Ella accedió a la solicitud mostrándome la mejor de sus sonrisas, aunque reflejando el cansancio lógico producido por varios días de emociones contenidas.

 

Mientras iba marchándome del Palacio de Congresos hacia mi domicilio leía y releía sus firmas una y otra vez, como solemos hacer todos cuando se nos presenta este tipo de situaciones.

 

Me dirigí al domicilio familiar, junto a la mencionada calle Visitación y a las Torres de Serranos, en la capital. Conforme iba aparcando la moto y entrando en el portal me vino el impulso. Un deseo maravilloso que, ahora agradezco no haber frenado.

 

Como un loco entré en casa y fui directo hacia la última estantería de mi cuarto, donde tengo almacenados todos mis vinilos. Entre tantos y tantos discos, la suerte me fue propicia y encontré enseguida lo que frenéticamente buscaba. Lo tengo muy fácil porque los discos de Nino Bravo siempre los he tenido aparte, como en un pedestal. “¡Ya lo tenía en mis manos!”

 

Se trataba del single de Nino Bravo que tiene como cara “A” “Voy buscando” y por la “B” “Mi quérida mama” (deliberadamente pongo el acento en la “é” y lo quito en mamá, con perdón a la ortografía, porque siempre me dio la sensación de que Nino así lo pronunciaba en la inolvidable melodía). Sí, era ese disco, pero tenía algo que lo hacía único e irrepetible:

 

¡¡¡ Estaba firmado personalmente por Nino Bravo!!!

 

Yo, que ya paso de los cincuenta años, le dije a mi mujer “Bajo un momento al coche”. En realidad lo que hice fue coger el disco, poner la moto en marcha y retar a la Dirección General de Tráfico, al poner mi moto a toda la velocidad que consideraba prudente, aún a sabiendas de que hubiera tenido un problema si me hubiera encontrado con algún Policía en el trayecto hasta el palacio de Congresos.

 

Durante el veloz recorrido mi preocupación iba en aumento. Me asaltaba la duda sobre si “¿estarán todavía?”

 

Fui devorando rotondas, semáforos y ¡al fin había llegado al Palacio de Congresos! Aparqué a unos cincuenta metros y fui corriendo para entrar nuevamente al edificio, uno de los emblemáticos de la nueva Valencia de los años dos mil.

 

¡Ya estaba dentro y me encontré con un problema añadido! Ya se había formado la cola para el acceso a la última de las funciones en Valencia, la de las diez de la noche. Un Guardia de Seguridad controlaba el acceso y lo impedía a las personas no autorizadas. Pero en mi mente ya sentía un salvaje y estremecido júbilo. Veía, al fondo, a Paco Zanón, a Amparo, a Manu

 

Solicité la entrada al mencionado profesional, a lo que me contestó que no tenía autorización para hacerlo. En ese preciso momento quise creer que fue Nino, desde arriba, quien, una vez más, me echó otro cable. Paco Zanón volvió la mirada, casualmente, hacia la zona en que nos encontrábamos, y, al verme, efectuó una señal al caballero para que permitiera mi acceso.

 

¡A la segunda, sí que iba bien preparado! Ahora tenía algo valioso en mi poder al que sí que prestarían, con toda seguridad, la atención requerida.

 

Me acerqué a la mesa, anteriormente referida. Se encontraban presentes exactamente los mismos integrantes y en las mismas posiciones.

 

En la vida nos movemos por impulsos, por deseos, por sueños. Ahora sé lo que realmente ocurrió. Sí, con toda claridad. Fue Nino el que quería que yo hiciera lo que hice en esta noche única para mí.

 

Ya había vencido mi timidez y mi voz sonó limpia y clara hacia Amparo. “quiero que me firmes este disco especial. Quiero que firmes exactamente al lado de la firma de tu padre

 

Ante la sorpresa generalizada Manu, levantó el vinilo, acercándoselo a los ojos, para confirmar su autenticidad. “Sí, es auténtico”, aseveró con rotundidad, lo cual me sorprendió a mí mismo. “Por supuesto que es auténtico”, reprendí yo.

 

Amparo, más guapa y maravillosa que nunca, quedó muy sorprendida “¿qué? Nadie hasta ahora me lo ha pedido

 

Pues yo he sido el primero”. Cogió el bolígrafo, un precioso ejemplar cromado, tipo pluma de las de antes, y mientras lo iba dirigiendo hacia el disco, apoyado sobre la mesa, hice acopio de toda mi “artillería pesada” y las palabras comenzaron a escapar de mis labios sin yo poderlas detener.

 

Amparo. Esta dedicatoria me la realizó tu padre hace cuarenta años, cuando yo era casi un niño.

 

Mi padre trabajaba en un Banco del barrio al que tu padre acudía, de cuando en cuando. Siento verdadera pasión personal por él. En el tiempo en el que me lo firmó él aún no había tenido ningún éxito musical alguno.

 

Ten la seguridad de que ahora que estás firmando lo estás haciendo sobre un documento completamente AUTÉNTICO. Aquí no hay grabaciones de estudio ni mezclas. Es, directamente, la letra de tu padre y tú en este momento, en este preciso momento, estás más unida que nunca a él.

 

Amparo correspondió a mi solicitud y plasmó su dedicatoria junto a la de su padre, justo a la derecha. Ella sabía que no se trataba de una fútil firma más en una cuartilla de papel cualquiera. Era mucho más. Le cambió el semblante y lo revistió de solemnidad. Lo hizo con el mayor honor del mundo, como una auténtica privilegiada.

 

Un abrazo muy fuerte. Amparo Ferri

 

Amparo, querida Amparo. Yo sé que en ese momento eras la mujer más feliz de la tierra. No hay dinero en el mundo que pueda pagar el sentimiento que te embargaba mientras ibas dibujando las letras. El mismo escalofrío que recorrió todo tu cuerpo también taladró las almas de todos los que estábamos presentes. ¡Estabas firmando junto a tu padre! Estabais más unidos que nunca. Basta con mirar tu dedicatoria para adivinar el profundo amor que hay detrás de cada una de las letras que forma cada una de las palabras.

 

Amparo, sabemos que, después, has comprendido la realidad de lo sucedido. Sí, Amparo. Tú sabes que mientras ibas rubricando el disco sentías que otra mano invisible rodeaba amorosamente la tuya, al escribir, y te susurraba al oído que te sigue queriendo mucho -igual que a tu hermana y a tu madre-, que sigue contigo, dentro de ti, todos los minutos y todos los segundos de tu vida, porque eres su queridísima hija. Por eso has firmado tan preciosa y maravillosamente bien.

 

Y otro tanto ocurrió con Manu. También él sintió que otra mano se apoyaba en la suya para escribir su extraordinaria dedicatoria, ésta a la izquierda de la de Nino:

 

Para Rafa, con mucho afecto y cariño.

 

Sí, Manu. Y mientras escribías oías que esa voz te decía que también te quiere mucho y que nunca podrá pagarte por lo mucho que has hecho por tu hermana y por tus sobrinas. Que te echa mucho de menos, pero que estés tranquilo porque volveréis a estar juntos todos, algún día.

 

Sí, Manu. Por eso escribes “con mucho afecto y cariño”, porque es real.

 

Y yo, ¿qué pensaba yo? Pues que mi felicidad no era inferior a la de ellos. En un momento, las agujas del reloj de mi vida retrocedieron años, muchos años atrás. Exactamente cuarenta años, justo cuando su padre me lo firmó en el Bar Sandro, un barecito de nuestro barrio que “mamá Amparo”, mujer de Nino Bravo, recuerda muy bien.

 

Cuando su homónima hija me estaba firmando no sé qué cables se me cruzaron en la cabeza. ¡Estaba viendo a su padre. Ésa era la imagen que recreaba en mi mente!

 

Se me aparecía él y me preguntaba “¿Cómo te llamas?, ¿Cuántos años tienes? Mira, ¡que tienes que estudiar mucho!

 

Sí, veía a Amparo y a su padre a la vez. Fue una sensación extraña pero maravillosa, extraordinaria. ¡Amparo, tan guapa! Y su padre ¡con esa chaqueta tan bonita y ese cuello de cisne que solía portar!

 

Fue un momento mágico para todos. Nunca lo olvidaremos.

 

Pero yo, finalmente, tuve un premio aún mayor del solicitado inicialmente. Amparo me dijo:

 

No sé quién eres, pero mira cómo se me ha puesto la piel. Dame dos besos

 

Y, ¡otra vez lo mismo, Amparo! Al darme los dos besos me pareció que también se me acercaba su padre. No es que me pareció… ¡es que estoy seguro!

 

Y aquí se acabó mi maravillosa experiencia. Esa noche casi pasé en vela. Yo la recordaré hasta el último día de mi vida. Me considero un privilegiado.

 

Y, por último, este mensaje va dirigido, directamente, a ti, querido Nino, porque sabemos que, seguro, has leído también esta carta con nosotros.

 

A todos los que formamos el legado que constituye la gran, la inmensa familia de admiradores y seguidores,

 

A todos los que te siguen queriendo y añorando,

 

A todos los que alguna noche, bien avanzada la madrugada, hemos despertado, sobresaltados, hablando contigo y deseando regresar al sueño de partida,

 

A todos, A TODOS NOSOTROS nos gustaría mucho creer que SÍ EXISTE LA REENCARNACIÓN, para que en alguna de todas esas vidas, querido amigo, puedas…

 

Cantar todas las canciones que quedaron por cantar y… Vivir…  vivir la vida que te queda por vivir.

 

Y, una vez transmitida la carta, recordamos que, nada más comenzar el artículo, indicábamos que al final revelaríamos el significado del título del mismo. ¿4,1 segundos? En realidad, esos 4,1 segundos son el origen, y el final, de este escrito tan sentido. Hace unos días, una amiga mía se prestó al “experimento”. “Oye, le dije, mira esta firma y repítemela en papel, aunque no sea tuya ni sepas de quién es”. Tras unos momentos de desconcierto y análisis previos a la materialización, el cronómetro dictó sentencia:  ¡4,1 segundos! Ni  más ni menos.

 

Yo no advertí, en un  primer momento, el significado del porqué exactamente cuatro segundos y una décima. Quedó difusa esa cifra en mi memoria hasta que esa misma madrugada comprendí todo con transparente nitidez. Abril de 2014. Cada una de esas cuarenta y una décimas de segundo representa cada uno de los cuarenta y un años que hemos tenido que resignarnos a vivir sin él.

 

Por eso ahora, en este mes concreto, aparece el artículo. Fueron 4,1 segundos de felicidad explosiva para Amparo, tan protagonista aquí como su padre. Tiempo en los que el bolígrafo, con el que escribía cada trazo, se hacía perezoso, se revelaba contra su dueña y parecía no querer avanzar más., como si un pesado lastre hubiera cargado sobre él.

¡Niña, no pienses más! Era, era que…

 

¡tu padre te estaba comiendo a besos!

 

Firma disco Nino Bravo 

 

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