Un corredor mediterráneo comprometido con el medio ambiente

RobertRaga

Robert Raga, alcalde de Riba-roja

La Comunitat Valenciana se ha convertido durante los últimos meses en el centro neurálgico sobre el que gravitan buena parte de las expectativas que se han creado alrededor del corredor mediterráneo. A estas alturas, nadie cuestiona ni discute ya la importancia que tiene para la actividad económica e industrial de nuestra Comunitat una infraestructura ferroviaria que servirá para aumentar los parámetros de eficiencia y eficacia de nuestras empresas.

El potencial que día tras día demuestran las miles de mercantiles asentadas a lo largo y ancho de los polígonos valencianos hacen necesaria la puesta en marcha del corredor mediterráneo. Y cuanto más pronto, mejor. No sólo porque lo necesitan las empresas para desplazar sus mercancías y productos para las distintas ciudades españolas que conforman el litoral mediterráneo.

Además, supondrá una reducción notable en los desplazamientos hacia el resto de Europa, en especial los países del sur y del centro, sin olvidar otros retos futuros como la conexión a las latitudes asiáticas. Algo que hace unos años habría sido tachado de temeridad o fantasía inalcanzable, ahora sirve para expandir los mercados tradicionales sobre los que se circunscribe la actividad de las mercantiles, especialmente las valencianas cuyos rasgos se caracterizan por la innovación tecnológica y un recurso humano emprendedor.     

Hace unas semanas, Riba-roja de Túria ha acogido las II Jornadas sobre Economía Circular, con un ámbito de influencia sobre el resto de España, en las que hemos analizado con todo detalle las consecuencias ambientales positivas que el corredor mediterráneo supondrá sobre nuestro medio ambiente, ya que no solo se trata de acortar la duración de los trayectos de las mercancías.

Además, estamos empeñados en que esos desplazamientos causen el menor impacto sobre nuestro entorno ambiental y, precisamente, el corredor supone una generación menor de emisiones tóxicas. Una diferencia abismal entre un sistema y otro. Los camiones articulados frente a los trenes. Un medio de transporte habitual y tradicional que hasta ahora hemos utilizado bajo un prisma de inmediatez y agilidad como son los camiones por carretera ve menguadas sus posibilidades frente al ferrocarril. Las grandes revoluciones industriales que se suscitaron en Europa durante buena parte del siglo XIX tuvieron, precisamente, en el ferrocarril el medio de transporte paradigmático del avance y el progreso social y económico.

Ahora, nos hallamos en un momento esencial para profundizar en nuestro compromiso ambiental. Algunos expertos fijan ya en 900.000 las toneladas de emisiones de CO2 a la atmósfera que se podrían ahorrar entre el uso del camión y del ferrocarril. Por tanto, las diferencias entre unos y otros deberían ser un motivo definitivo para que se acorten ya los plazos de construcción del corredor mediterráneo. La cristalización de esta infraestructura nos situará a la altura de las civilizaciones más avanzadas, en la que se conjugarán elementos básicos como la eficiencia económica, el respeto ambiental y la sostenibilidad.

  Las administraciones públicas debemos ser, por tanto, garantes para la creación de una sociedad que responda a las necesidades de los diversos agentes económicos que conforman el sistema productivo, pero no a cualquier precio. Por ello, debemos abundar en las políticas de reutilización de los recursos naturales, en la prevención de posibles anomalías en la actividad económica y, por último, adelantarnos a los retos del futuro bajo el prisma de la eficacia pero desde la sostenibilidad ambiental porque solo desde el respeto hacia nuestro entorno nos garantizaremos la viabilidad de las futuras generaciones.    

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