Envase y contenido

Juan Pedro Serrano Latorre

Juan Pedro Serrano Latorre, Secretario General Pspv-Psoe de La Pobla de Vallbona

Septiembre marca el inicio de un nuevo curso político. Durante los próximos meses, y hasta la celebración de las elecciones municipales, previstas para el mes de mayo del próximo año, los dieciséis municipios de nuestra comarca vivirán un intenso período de presentación y promoción de candidaturas, exhibición de actuaciones que se han realizado a lo largo de los últimos años y explicación de las propuestas que cada formación política pretende abordar en la próxima legislatura.

Espero y deseo que lo que debería ser un debate de ideas, razones y argumentos no se convierta, como ocurre en ocasiones, en una batalla estéril de insultos y reproches, discursos vacíos y propuestas trampa tras las que ocultar realidades, falsear mensajes o intentar confundir a la ciudadanía.


Partidos consolidados como Pspv-Psoe, Compromis, PP o Ciudadanos, con representación institucional en ámbitos territoriales superiores al municipal, y formaciones políticas de más reciente creación, cuyo espacio de representación se limita al municipio, confrontarán sus programas entre sí.


Parece razonable que las formaciones del primer grupo, algunas de ellas con amplia
experiencia de gobierno en los ámbitos estatal y autonómico, propongan para sus
localidades algunas de las actuaciones que ya se han demostrado útiles y beneficiosas para mejorar la vida de las personas en esos otros espacios; lógicamente, adaptándolas a las carácterísticas y necesidades concretas de cada municipio y desarrollándolas en función de las mismas y del momento en que nos encontramos.


También resultará interesante escuchar los argumentos de estas otras formaciones de carácter localista, que, supuestamente, han surgido como respuesta a algún tipo de desatención por parte de los partidos mayoritarios hacia colectivos concretos o intereses específicos de cada población. Y convendrá hacerlo con atención, porque los mensajes que algunas de ellas envían para justificar su presencia y necesidad en el panorama político local no siempre resultan tranquilizadores.


Dos suelen ser los principios fuerza con los que se presentan: la ausencia de ideología y su pertenencia al pueblo, o, en ocasiones, a la defensa de un núcleo específico del pueblo.


Respecto a la primera cuestión, tengo poco que comentar. Negar la ideología en política supone tanto como negar su propia esencia, rechazar su existencia. ¿Alguien imagina un movimiento cultural, religioso, político, o de cualquier otra naturaleza sin un conjunto de ideas que lo justifique, caracterice y diferencie respecto de otros proyectos de su mismo ámbito de actuación? Porque en eso consiste la ideología, en una selección de ideas que me representan, con las que estoy comprometido, me identifico y defiendo.

Me refiero a ideas, no a rígidos e inamovibles dogmas de fe, que es el concepto con el que se acostumbra a confundir el término. ¿Qué ofrecen a la población, entonces, quienes promueven un proyecto sin ideas que lo sustenten? Pero no es menor el desconcierto y la inquietud que me produce el segundo argumento que suelen esgrimir. Desconcierto por ese empeño en autoproclamarse “del pueblo” y asegurar
que gobernarán “para el pueblo”, como si dieran por hecho que el resto de formaciones que concurren a las elecciones fueran a presentar candidatos de Marte y a anunciar como objetivo prioritario de su acción de gobierno el de facilitar una invasión alienígena. ¡Qué falacia!

Detrás de esa propuesta adivino, en el mejor de los casos, ignorancia, y, en el peor,
un intento por confundir, dividir y confrontar a la ciudadanía; algo, sin duda, irresponsable y poco conveniente, cuando no peligroso.
Nos esperan nueve meses apasionantes en los que escucharemos muchas palabras,
algunas ideas y, probablemente, demasiado ruido. Invito a la reflexión, el análisis y la mirada crítica. Comparemos lo que se nos dice que se hará con lo que realmente se ha hecho hasta ahora y se es capaz de hacer hasta el final de la legislatura, ya sea desde el gobierno o la oposición. Y saquemos conclusiones. Aunque vivimos en la cultura del envase, como decía Galeano, busquemos el contenido y valorémoslo en lo que merece.

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