Pandemias e información

JUAN PEDRO SERRANO

Juan Pedro Serrano, secretario general del PSPV-PSOE de La Pobla de Vallbona



No importa la emisora de radio que escuche, la cadena de televisión que vea, o el periódico que lea. Da igual la hora, la orientación del programa, o la red social a la que acuda desesperado en busca de rescate. Todo, absolutamente todo, mi espacio, mi tiempo, mi vida entera ha sido invadida por el coronavirus.

Parecería razonable pensar que esa avalancha informativa que cada día me sepulta en infinidad de datos, opiniones, consejos sanitarios y restricciones legales que no siempre comprendo, me ayudaría a sentir más seguro, pero no es así. Me siento angustiado, intranquilo, temeroso, y, a pesar de mi empeño por encontrar una explicación racional a los hechos, huir de conspiranoias, o negar interpretaciones absurdas de chiflados profetas del disparate, me inquieta verme obligado a aceptar la respuesta que me sugiere una pregunta de Chomsky: “¿Cómo es que tenemos tanta información, pero sabemos tan poco?”

No pretendo banalizar, ni quitar importancia al hecho de que sufrimos una pandemia extraordinariamente destructiva que ha cambiado nuestra manera de vivir y nos impone unos modelos de relación y comunicación social que nos resultan ajenos, para los que no estamos preparados y cuyas secuelas sufriremos en el futuro. Pero considero que el dramatismo de la situación, y la urgencia por encontrar una solución a la misma, no debería hacernos olvidar que existen otras “pandemias” anteriores a la actual, no menos devastadoras que ella, a las que parece que nunca hemos considerado necesario prestar tanta atención, a pesar de que siguen activas y continúan representando una amenaza cierta para nuestra supervivencia como especie.

Según el informe mundial sobre crisis alimentarias 2019, que elaboran conjuntamente la UE, la FAO y el Programa Mundial de Alimentos, 29 millones de personas pasan hambre como consecuencia del cambio climático, 10 millones de personas por efecto de la inestabilidad económica y 74 millones a causa de la guerra. Según ACNUR, por otra parte, 70.8 millones de personas se han visto obligadas a emigrar de sus lugares de origen para huir de la violencia, en unas condiciones de esclavitud y deshumanización inaceptables. Por aportar un último dato que ayude a poner en contexto la magnitud y el interés de estas cifras, señalaré que frente a los 2.2 millones de muertes por coronavirus que se han registrado en el mundo hasta la fecha, 24.000 personas mueren de hambre cada día, 18.000 de las cuales son niños y niñas de entre uno y cuatro años. Lo que supone un total aproximado de 8.700.000 muertes por hambre al año en el mundo.

A pesar de estos datos tan significativos, “pandemias” como el hambre, la guerra, el cambio climático, o diferentes tipos de violencia que se ejerce sobre las personas, y que se ven agravadas por la actual situación de contagio COVID19 que padecemos, no parecen despertar el más mínimo interés mediático e informativo. Si alguna vez lo tuvieron, actualmente lo han perdido. Ya se sabe, lo que no se conoce no existe.

Es más que probable que el tema se tratara el tema de manera diferente si la cura de esas “otras pandemias” dependiera tan solo del hallazgo de una vacuna que las previniera, de la oportunidad de hacer negocio que observaran las grandes empresas farmacéuticas y los fondos que avalaran sus investigaciones. Como también sería distinto el tratamiento que recibirían por parte de los medios y, por tanto, el conocimiento que la población tendría de ellas, si los efectos devastadores de las mismas afectaran de igual manera a países del norte y del sur, ricos o pobres.

Necesitamos recibir información que nos ayude a entender y superar esta situación terrible que padecemos, no espectáculos mediáticos, ni saturación por repetición, con el consiguiente riesgo de normalización de una situación extraordinaria. Y es necesario que los medios encuentren espacio para dar voz a quienes habitualmente no la tienen, para no permitir que olvidemos que hay personas que sufren esta pandemia como castigo añadido a una situación de pandemias anteriores que ya les resultaba insoportable. Como dice Bertolt Brecht, “O todos o ninguno. O todo o nada. Uno solo no puede salvarse”.

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